Construcciones

Cabaña de Teito

La palabra teito o teitu es una voz asturleonesa que designa cualquier cubierta de cualquier edificio hecha con material vegetal. Este nombre, teito, se utiliza en la zona occidental del dominio lingüístico asturleonés, que se corresponde con zonas bastante extensas del SO asturiano, en todo el oeste leonés y NO zamorano, así como zonas del NE portugués. Por extensión se ha venido llamando teito al edificio en sí, siempre que su cubierta sea vegetal. Un teito asturiano tiene mucha relación con una palloza gallega o leonesa de los Ancares, en cuanto a la cubierta vegetal se refiere, aunque se diferencian en la forma y estructura del edificio habitacional que cobija dicha cubierta; se diferencia también en su ubicación geográfica y en la distribución del espacio. En Asturias y León se prefiere la voz teito, mientras que en Galicia utilizan la voz palloza.

Las construcciones con teito pertenecen a la arquitectura popular autóctona, destinadas a viviendas, pajares, cabañas para ganado, hórreos y otros pequeños edificio auxiliares. De todas estas construcciones han resistido el paso del tiempo las cabañas, los hórreos, los pajares y alguno más. Las viviendas o bien han ido desapareciendo o se han modificado ostensiblemente. En algunos casos se han mantenido hasta finales del siglo XX y comienzos del XXI, hasta la muerte de sus propietarios. Algunas de estas casas han mantenido su vida por haberse convertido en museos etnográficos o por haber cambiado su uso rehabilitándolas como establos o pajares.

Las casas habitacionales con teito, formando pequeñas aldeas de temporada o diseminadas a lo largo de la geografía asturiana y leonesa, fueron herencia y evolución de las casas que configuraron los castros. La planta circular de los castros es considerada como la más antigua, pero en alguno de ellos como el de Coaña coexistió con la planta rectangular.

Durante la segunda mitad del milenio I a. C., la población fue cambiando de lugar asentándose en tierras apropiadas para el cultivo. Las casas siguieron siendo circulares al principio y más tarde se fueron construyendo rectangulares como venía ocurriendo en el resto de la península.

En el territorio astur-leonés y en Galicia estas casas-vivienda tenían sus correspondientes edificaciones también con teito que servían para las faenas agrícolas y ganaderas. Son testimonio de la evolución de la vida rural desde los primeros agricultores del Neolítico. Muchos de estos edificios han perdurado en mayor o menor cantidad hasta el siglo XXI mostrando lo que pudieron ser las casas con teito, casas habitacionales desaparecidas o transformadas la mayoría, tanto en su estructura como en su uso. Estos edificios anejos (hórreos, establos, pajares, etc.) se han mantenido gracias a su situación geográfica en lugares estratégicos, protegidos por la naturaleza.5? Su pervivencia se debe también a que esas zonas no llegaron nunca a ser enteramente colonizadas por Roma por lo que los métodos de construcción de los romanos no cambiaron ni influyeron nunca en los métodos ancestrales de estas gentes.

Junto a las primeras casas circulares habitacionales existieron unos cercados que a veces alcanzaban una altura de 2 m, construidos con piedra cuando era fácil de obtener o con maderas. En estos cercados se guardaba el ganado.7? Se han identificado estos establos por el tupido nivel de estiércol encontrado. Este sistema evolucionó durante el tiempo protohistórico cuando el establo pasó a formar parte de la propia casa, cuyo ejemplo más conocido y perdurable es la palloza de los Ancares. Los arqueólogos consideran que fue ésta la gran innovación del periodo protohistórico en las construcciones del norte de la península y del norte europeo y que es posible que influyera tanto el clima como la necesidad de mantener a los animales bien vigilados día y noche al ser su gran riqueza y objeto de subsistencia.

En el noroeste de España la cubierta vegetal fue predominante hasta el siglo XX, debido a sus propiedades como aislante térmico, superiores a las de otras cubiertas como la losa: el teito puede mantener la temperatura en el interior de una estancia calentada por un fuego a unos 15 °C en invierno, incluso en zonas de montaña donde las temperaturas medias mínimas no suelen rebasar los 2 °C; a la vez, el techado vegetal también conserva el ambiente fresco en la vivienda durante los días calurosos. Un teito bien confeccionado y reparado periódicamente dura unos veinte años.

En los primeros años del siglo XXI se aprecia por un lado una alarmante disminución de los teitos, incluso de la casa entera. Son difíciles de conservar, las familias que los mantenían van desapareciendo o emigrando y la razón de su existencia, el uso, también desaparece en muchos casos. La emigración supuso en algunas regiones una disminución drástica de la superficie dedicada al cultivo del centeno, privando a las zonas donde se usa este material de la materia prima para reparar y confeccionar los teitos: por ejemplo, en la comarca leonesa de Omaña, muchos teitos se empezaron a cubrir con fibrocemento a partir de los años 70 por este motivo. En algunos municipios se aprobaron ordenanzas sobre techados de paja que contribuyeron a su desaparición.

Por otro lado, ya desde los últimos años del siglo XX surge un gran interés por la conservación de estos teitos, tanto por parte de los descendientes de los propietarios como de las autoridades y arqueólogos junto con los etnólogos. Se concentra este interés en Asturias, sobre todo en los concejos de Somiedo y Teverga, donde se encuentran los más extensos conjuntos de cabañas teitadas bastante bien conservadas. La creación del Parque Natural de Somiedo —que es también Reserva de la Biosfera— ha contribuido a que se reconozca la valoración de las ancestrales cabañas ayudando a su conservación. Muchas siguen vivas y esto favorece las medidas de ayuda y conservación.

Referencias y fuente: https://es.wikipedia.org/wiki/Teito